Escrito 7 – El frío de Minneapolis

Era habitual que sus neuronas se activaran preguntándose qué demonios hacía allí. En ese justo momento lo estaba haciendo, entonces se detuvo, respiró profundamente y apartó la vista de su fiel compañero, ese que la hacía ver enorme lo diminuto y a ratos la hacía sentirse minúscula, su omnipresente microscopio.

MinneapolisSu reflejo en la cristalera que enmarcaba el testero sur del laboratorio no la dejó indiferente. Allí estaba ella, una futura treintañera disfrazada con una impecable bata blanca. Una Manuela de esencia mediterránea dentro de un espejismo yanqui. Sin embargo el resto veíamos otra cosa, y me incluyo, porque lo que percibíamos era a una hipnótica Manuela que nos arrastraba sin querer con su energía. Espontaneidad y naturalidad dentro de una vida de métodos porque la ciencia en rigor y exactitud pero en que Manuela era de                                                                      todo menos exacta.

Seguía mirándose, perdida en sus pensamientos, con ojos cansados que rogaban un secuestro a casa y pese a todo, una sonrisa enmarcaba sus generosos labios y realzaba unos pecosos carrillos. Su colmillo derecho era un envidioso que quería ganarle terreno, aunque poco tenía que hacer entre tanto encanto.

El frío de la ciudad la palidecía y hacía visible, casi palpables, abundantes hilos azules y verdes en sus sienes. Se podía escuchar cómo su piel se preguntaba cuándo acabaría ese martirio, cuándo dejaría de padecer aquellas punzadas. Manuela estaba convencida que los menos 30 grados bajo cero del exterior difuminaría el reflejo proyectado en la cristalera pero que equivocada estaba, su esencia permaneció allí, justo en el sitio en el que se encontraba y evaporó ese frío que sólo ella podía disipar, el frío de Minneapolis.

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3 pensamientos en “Escrito 7 – El frío de Minneapolis

  1. andrea 13 de enero de 2015 en 16:11 Reply

    Me ha encantado este escrito, me ha hecho sentir que algo tan puramente químico e incontrolable a nuestros ojos, como puede ser el frío de Minneapolis, puede disiparse con el calor de personas que te quieren.

  2. Encarni 2 de febrero de 2015 en 1:15 Reply

    Pero qué hermoso escrito. Al leerlo he podido imaginarme a esa Manuela sentada con la mirada perdida entre las luces de la ciudad que la tienen atrapada y a su vez pensando en el mar de su tierra. Una mezcla de melancolía y alegría. Puro blues.

    • estefaniavera 2 de febrero de 2015 en 16:45 Reply

      ¡Muchas gracias Encarni!
      Una mezcla de melancolía y alegría. Puro blues. Fantástica descripción, me encanta que te haya llegado así 😉

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